sábado, 10 de octubre de 2015

Definición del problema


El acoso escolar o bullying es una forma de violencia prolongada y repentina, tanto mental como física, la cual es contra llevada a cabo por una persona o por un grupo, contra un individuo que no puede defenderse ante esta situación, lo que lo convierte en víctima (Blanchard, 2007). Un comportamiento intencional de hacer daño, que es repetitivo y duradero, en el que no media la provocación, en el que existe una asimetría de poder entre agresor y víctima, y que puede ser de carácter físico, verbal y/o psicológico (Benítez, Tomás de Almeida & Justicia, 2005; Olweus, 1993; Trianes, 2000).

El maltrato entre pares y su impacto en el desarrollo psicoafectivo de niños y niñas son situaciones que generan un compromiso social tanto para las instituciones educativas como para los profesionales que se interesan por la investigación de las problemáticas de la infancia, ya que las implicaciones del bullying en el desarrollo psicoafectivo de niños y niñas  se reflejan principalmente en: inseguridad, baja autoestima, establecimiento de relaciones afectivas con predominio fóbico y poca adaptación social; inestabilidad en sus logros y alternancia en sus estados de ánimo.
Los  colegios en donde se presenta el bullying, los iguales no son un factor positivo para su desarrollo afectivo. En estos casos se rompe la simetría que debe regular las relaciones y se generan y favorecen los procesos de victimización en donde muchas veces, se produce un intenso daño en el crecimiento personal y social de la víctima, del agresor y de los testigos (Hoyos, 2005).

 El bullying implica un impacto en el desarrollo psicoafectivo de víctimas y victimarios, y observadores a corto y largo plazo. La mejora en la convivencia escolar debe ser una tarea en la que estén involucrados todos los sectores de la comunidad educativa y constituir un eje vertebral sobre el cual dar respuesta a la complejidad que supone el trabajo docente directo con alumnos que aún no han adquirido suficientes hábitos de convivencia, de respeto muto y de participación responsable en el aula de clases.
 Infortunadamente es un fenómeno que escapa a los ojos del profesorado y de las personas en general, debido a que en muchos casos es imposible percibir o imaginarse la magnitud del proceso de victimización por el que atraviesan los niños(as) (Meulen, 2003) y los colegios hacen caso omiso de estas situaciones en la actualidad (Brendtro, 2001).
Las consecuencias del acoso escolar son muchas y profundas. Para la víctima de acoso escolar, las consecuencias se notan con una evidente baja autoestima, actitudes pasivas, trastornos emocionales, problemas psicosomáticos, depresión, ansiedad o pensamientos suicidas. También se suman a esta lista, la pérdida de interés por las cuestiones relativas a los estudios, lo que puede desencadenar una situación de fracaso escolar, así como la aparición de trastornos fóbicos de difícil resolución.

Efectos del acoso escolar en el agresor:

En cuanto a los efectos del bullying sobre los propios agresores, algunos estudios indican que los ejecutores pueden encontrarse en la antesala de las conductas delictivas. También el resto de espectadores, la masa silenciosa de compañeros que, de un modo u otro, se sienten amedrentados por la violencia de la que son testigos, se sienten afectados, pudiendo provocar cierta sensación de que ningún esfuerzo vale la pena en la construcción de relaciones positivas.


Para el agresor, el bullying le dificulta la convivencia con los demás niños, le hace actuar de forma autoritaria y violenta, llegando en muchos casos a convertirse en un delincuente o criminal. Normalmente, el agresor se comporta de una forma irritada, impulsiva e intolerante. No saben perder, necesitan imponerse a través del poder, la fuerza y la amenaza, se meten en las discusiones, cogen el material del compañero sin su consentimiento, y exteriorizan constantemente una autoridad exagerada.

-Sarah Rivera


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